El Reiki sin prisa, sin promesas y sin la necesidad de ser especiales
“¿Cómo estoy viviendo aquello en lo que digo creer?”
Hay una pregunta que, para mí, vale más que muchas explicaciones sobre Reiki: “¿Cómo estoy viviendo aquello en lo que digo creer?”
Es una pregunta sencilla y quizá hasta incómoda, porque nos saca del lugar donde es fácil hablar de conciencia, energía, espiritualidad o transformación y nos coloca frente a la vida concreta. Frente a la forma en que despertamos, a la manera en que tratamos nuestro cuerpo, a cómo respondemos ante las dificultades, a la atención que prestamos a las personas que están con nosotros y a la capacidad de detenernos antes de reaccionar.
Cuanto más estudio Reiki, menos me interesa una espiritualidad construida alrededor de títulos, fenómenos y experiencias extraordinarias. Me interesa cada vez más una espiritualidad que pueda vivirse en el día a día, en las decisiones cotidianas y en la manera en que atravesamos aquello que la vida nos trae.
“El Reiki no necesita hacernos especiales. Tal vez haga justamente lo contrario y nos devuelva a lo sencillo y a la vida tal como es.”
El Reiki y nuestra prisa
Muchas personas se acercan al Reiki buscando una respuesta rápida, y en una sesión percibir inmediatamente que algo ha cambiado. Quieren aliviar un síntoma, resolver una dificultad, encontrar una técnica para la ansiedad o descubrir el símbolo adecuado para una determinada situación.
Es comprensible, pues vivimos en una cultura que nos enseña a buscar soluciones para todo. Si existe un problema, debe existir una técnica. Si existe malestar, debe existir una forma de eliminarlo. Si existe una dificultad, esperamos encontrar una receta capaz de devolvernos rápidamente el control.
Incluso cuando nos acercamos a la espiritualidad, llevamos con nosotros esa necesidad de eficacia, y queremos sentir que hemos sido elegidos, que tenemos una misión extraordinaria o que poseemos una capacidad especial.
Pero el Reiki puede resultar profundamente desconcertante cuando percibimos que no responde necesariamente a esa expectativa. No necesita prometer que la vida va a obedecer a nuestros deseos, ni transformar cada dificultad en un mensaje bonito.
Tampoco debe presentarse como sustituto de cuidados médicos, psicológicos o de cualquier otro acompañamiento de salud que podamos necesitar. Una práctica de Reiki puede integrarse desde una perspectiva de bienestar, pero debe vivirse con responsabilidad, sin promesas de curación y sin llevar a nadie a abandonar los cuidados adecuados.

Antes de la técnica, existe la persona
Es muy fácil transformar el Reiki en una colección de técnicas. Una posición de las manos para esto, un símbolo para aquello, una secuencia para una determinada molestia o una práctica específica para desbloquear alguna área de la vida.
Conocer técnicas puede ser útil, porque proporciona estructura, ayuda a quien comienza y permite desarrollar una práctica más consciente y consistente. Pero existe un riesgo cuando empezamos a creer que una técnica, por sí sola, lo resuelve todo.
Antes de la técnica, existe la persona. Existe alguien que está cansado, que se ha acostumbrado a ignorar las señales del cuerpo, que vive preocupado anticipando siempre lo que puede salir mal o que se ha vuelto tan eficiente cuidando de los demás que ya no sabe muy bien cómo cuidarse a sí mismo.
Si no hay capacidad para estar en el momento presente, la técnica puede convertirse simplemente en una tarea más.
Por eso, muchas veces, la pregunta más importante no es “¿cuál es la técnica adecuada?”, sino “¿puedo estar realmente aquí mientras practico?”. ¿Puedo observar lo que está sucediendo sin intentar cambiarlo todo inmediatamente? ¿Puedo escuchar el cuerpo sin obligarlo a darme una respuesta?
Este cambio parece pequeño, pero transforma profundamente la relación con la práctica.

“Antes de la técnica, existe la persona.”
Sobre el autor
Justino Pereira vive en Vila de Rei, en el interior de Portugal. Es practicante, terapeuta y maestro de Reiki, además de fundador de Vila de Reiki, un proyecto que busca ofrecer un espacio sereno e integrado para la práctica, la enseñanza y la comunicación del Reiki.
Su trayectoria profesional principal fue como funcionario de prisiones, donde permaneció durante más de una década en un contexto penitenciario. Ese tiempo lo marcó profundamente, al ponerlo frente a cuestiones de dignidad, sufrimiento y posibilidad de transformación humana. Fue también durante ese período cuando se convirtió en autodidacta en el área del desarrollo personal y comenzó a explorar caminos esotéricos y espirituales, buscando comprender lo que habita en nuestro interior y cómo esto se relaciona con nuestra manera de estar en el mundo.
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