El juego de imaginación como camino para reconocer y regular las emociones infantiles

“Muchas veces, aquello que el niño todavía no consigue decir, consigue expresarlo jugando.”

Antes de aprender a regular, es necesario reconocer

Yo creo que, antes de aprender a regular las emociones, el niño necesita primero conocerlas.

Necesita aprender a percibir lo que siente, reconocer las diferentes emociones, encontrar palabras para nombrarlas y comprender que sentir forma parte de la experiencia humana.

Es desde esta perspectiva que veo el juego de imaginación como una posibilidad potente de reconocimiento y regulación emocional en la infancia.

Para mí, el juego de imaginación no es solamente un juego.

Es un lenguaje propio del niño.

Cuando el niño juega, también expresa

Cuando un niño juega a la casita, a la escuela, al médico, a la familia, con animales o con personajes imaginarios, está creando un espacio simbólico donde puede representar situaciones, experimentar roles y expresar sentimientos que no siempre consigue comunicar directamente.

Muchas veces, aquello que el niño todavía no consigue decir, consigue expresarlo jugando.

  • Una muñeca puede sentir miedo.
  • Un personaje puede enfadarse.
  • Un osito puede estar triste.

Y, cuando el niño coloca esas emociones en el personaje, también crea cierta distancia que puede hacer más fácil hablar sobre aquello que está sintiendo.

El adulto como mediador

Es en ese momento cuando yo puedo entrar como mediadora.

En lugar de preguntar directamente:

“¿Por qué estás enfadado?”

puedo preguntar:

“¿Qué le pasó a ese personaje?”

Y muchas veces, la respuesta llega a través del juego.

Por eso, comprendo el juego de imaginación como una posibilidad de práctica integrativa y espontánea de la infancia, porque reúne:

  • imaginación;
  • cuerpo;
  • lenguaje;
  • afectividad;
  • vínculo;
  • simbolización.

Preservar la libertad de jugar

No quiero transformar el juego en una actividad rígida o dirigida todo el tiempo.

Quiero preservar aquello que existe de más valioso en el juego: la libertad del niño para crear, imaginar, experimentar y expresarse.

Mi papel es observar.

Escuchar.

Acoger.

Nombrar las emociones cuando sea necesario.

Y ofrecer posibilidades.

  • No interpretar todo.
  • No corregir todo.
  • No dirigir todo.
  • Sino estar presente para aquello que emerge.

Reconocer para poder afrontar

Creo que la regulación emocional no comienza cuando enseñamos al niño a controlar lo que siente.

Comienza cuando ayudamos a ese niño a reconocer:

“Esto que estoy sintiendo existe. Tiene un nombre. Puedo hablar sobre ello. Puedo comprenderlo. Y puedo encontrar maneras de afrontarlo.”

Por eso, veo en el juego de imaginación un camino tan significativo.

Porque, mientras juega, muchas veces el niño está diciendo, a través de los personajes:

“Mira aquello que todavía no sé explicar.”

Y tal vez sea precisamente ahí donde comienza una educación emocional verdaderamente respetuosa:

no enseñando al niño a dejar de sentir, sino ayudándolo a conocer aquello que siente para, poco a poco, descubrir qué puede hacer con ello.


Sobre la autora

Vanessa Lima Nunes es pedagoga, alfabetizadora, especialista en Culturas de la Infancia y neuropsicopedagoga. Trabaja en la Educación y dedica su labor a la observación y comprensión de los diferentes procesos de aprendizaje y desarrollo durante la infancia.

También es terapeuta de Mesas Radiônicas, lectora, curiosa e investigadora de terapias integrativas. Su experiencia como educadora nutre una escritura marcada por la observación de la vida cotidiana, las reflexiones sobre la infancia y el interés por comprender diferentes formas de expresión, aprendizaje y cuidado.

Como colaboradora de la Biblioteca Mundo Reiki, Vanessa comparte sus experiencias y reflexiones sobre infancia, educación, presencia y cuidado integral.

📍 Pelotas – Rio Grande do Sul, Brasil


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