El síntoma no está separado del todo

Cuando surge un síntoma o una dificultad, nuestra primera reacción suele ser querer que desaparezca, lo cual es normal. Nadie busca el sufrimiento por elección consciente y nadie debería ser culpabilizado por querer sentirse mejor.

Aun así, puede existir una diferencia entre desear alivio y entrar en una guerra contra aquello que estamos sintiendo, porque el cuerpo no es una máquina con piezas aisladas. Una tensión puede estar relacionada con el cansancio, una dificultad para descansar puede estar vinculada a un ritmo de vida que ya ha superado nuestros límites y una irritación constante puede revelar una acumulación de necesidades ignoradas.

Esto no significa que todos los síntomas tengan únicamente una explicación emocional o espiritual, ni tampoco significa que enfermemos porque no pensamos de forma positiva. Significa que vale la pena observar a la persona en su totalidad y permitir que exista curiosidad antes de la prisa por eliminar.

“Observar no es culpar.”

Observar no es culpar, sino reconocer que hay algo que está sucediendo y que quizá sea importante escucharlo con atención. Reiki puede vivirse como una invitación a esa observación, no siempre para encontrar una explicación, sino muchas veces para dejar de estar completamente alejados de nosotros mismos.

El tiempo de la práctica

Otra fuente de frustración es la expectativa de resultados rápidos. ¿Cuántas sesiones son necesarias? ¿Cuándo voy a notar diferencias? ¿Cuánto tiempo tarda en funcionar?

Estas preguntas tienen sentido porque buscamos seguridad y queremos saber qué va a suceder, medir el camino y garantizar que nuestro esfuerzo tendrá una recompensa.

Pero no todo lo que es importante puede medirse por la velocidad del resultado. Hay procesos que comienzan siendo casi invisibles, como una pausa antes de reaccionar, una noche en la que conseguimos descansar un poco mejor, la percepción de que nuevamente estamos respirando de forma más amplia, el valor para reconocer que necesitamos ayuda o la decisión de establecer un límite pueden parecer cambios pequeños, pero también pueden transformar profundamente la manera en que vivimos.

La práctica no necesita convertirse en una carrera para alcanzar un estado ideal, y Reiki no necesita utilizarse para demostrar que estamos evolucionando. Puede ser una forma de regresar, muchas veces, a lo básico y a aquello que realmente está sucediendo.

Volver a lo básico

Existe una tendencia a pensar que avanzar significa acumular más conocimiento, más cursos, más técnicas, más experiencias y más respuestas.

Sin embargo, quizá el camino de Reiki sea muchas veces un proceso de simplificación. Lo digo no porque el conocimiento no sea importante, sino porque llega un momento en que ya no necesitamos añadir tanto y necesitamos, sobre todo, integrar.

Volver a lo básico puede significar practicar con regularidad, sentir las manos sin transformar cada sensación en un mensaje, permanecer en silencio sin buscar una experiencia especial, cuidar el cuerpo, realizar una tarea sencilla con atención, pedir disculpas cuando sea necesario o descansar antes de llegar al límite.

Es en este lugar donde la práctica deja de ser una actividad separada de la vida. Reiki no queda confinado al momento en que nos sentamos a practicar, porque comienza a aparecer en la manera en que atravesamos el día.

Aparece en la forma en que escuchamos a alguien sin preparar inmediatamente una respuesta, en la elección de no alimentar una discusión o en el reconocimiento de que estamos exigiendo demasiado de nosotros mismos.

“Tal vez el camino de Reiki sea muchas veces un proceso de simplificación.”


Sobre el autor

Justino Pereira vive en Vila de Rei, en el interior de Portugal. Es practicante, terapeuta y maestro de Reiki, además de fundador de Vila de Reiki, un proyecto que busca ofrecer un espacio sereno e integrado para la práctica, la enseñanza y la comunicación de Reiki.

Su trayectoria profesional principal fue como funcionario de prisiones, donde permaneció durante más de una década en un contexto penitenciario. Ese tiempo lo marcó profundamente, al ponerlo frente a cuestiones de dignidad, sufrimiento y posibilidad de transformación humana. También fue durante ese período cuando se convirtió en autodidacta en el área del desarrollo personal y comenzó a explorar caminos esotéricos y espirituales, buscando comprender aquello que habita dentro de nosotros y cómo se relaciona con nuestra manera de estar en el mundo.

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