Cuando la casa pide una pausa

Cómo los excesos del ambiente pueden interferir en la forma en que nos sentimos

Hay días en los que llegamos a casa queriendo simplemente descansar.

Cerramos la puerta y dejamos atrás los compromisos, las conversaciones, el tráfico, las pantallas y todo aquello que exigió nuestra atención a lo largo del día.

Pero, al entrar en casa, ¿realmente encontramos un ambiente que nos permite desacelerar?

No siempre nos damos cuenta, pero los espacios también nos ofrecen estímulos todo el tiempo.

Objetos desordenados, superficies ocupadas, exceso de información visual, muebles que dificultan la circulación, iluminación inadecuada, cosas que esperan ser resueltas. Por separado, quizá parezcan pequeños detalles. Juntos, pueden hacer que la casa siga solicitando nuestra atención incluso cuando todo lo que necesitamos es una pausa.

Es como si el cuerpo llegara a casa, pero la mente continuara trabajando.

A lo largo de mi trayectoria como Diseñadora de Interiores, Personal Organizer y consultora en Feng Shui, aprendí a observar los ambientes no solo por lo que existe en ellos, sino también por las sensaciones que provocan.

Hay espacios que parecen invitarnos a permanecer.

Otros nos dejan inquietos sin que sepamos exactamente por qué.

Y hay aquellos en los que basta entrar para inmediatamente ver todo lo que todavía necesita hacerse.

La ropa que necesita ser guardada. Los papeles acumulados sobre la mesa. Los objetos que no tienen un lugar definido. La silla que se ha convertido en apoyo para todo. El armario que ya no tiene capacidad para todo lo que guardamos.

Poco a poco, la casa puede dejar de ser simplemente el escenario de nuestra rutina y pasar a formar parte de nuestra sensación de sobrecarga.

Esto no significa que una casa equilibrada tenga que ser minimalista, silenciosa o casi vacía.

Una casa puede tener colores, libros, fotografías, recuerdos, objetos afectivos y muchas marcas de quienes viven en ella. De hecho, creo que son precisamente esas marcas las que hacen que un espacio se transforme verdaderamente en un hogar.

La cuestión no está simplemente en la cantidad.

Está en la relación que establecemos con aquello que nos rodea.

¿Los objetos que permanecen en ella todavía tienen función, significado o afecto?

¿La circulación se produce de manera cómoda?

¿Hay lugares donde los ojos puedan descansar?

¿Existe espacio para el vacío o cada superficie necesita estar llena?

Estas preguntas parecen hablar solamente de la casa, pero dicen mucho sobre la manera en que estamos viviendo.

En la organización, buscamos disminuir el esfuerzo necesario para realizar las actividades cotidianas. Cuando aquello que utilizamos encuentra un lugar coherente con nuestra rutina, la casa deja de exigir tantas pequeñas decisiones a lo largo del día.

En el Diseño de Interiores, elementos como la iluminación, la circulación, la proporción, la disposición de los muebles y el equilibrio visual interfieren directamente en la manera en que percibimos y experimentamos un ambiente.

Y el Feng Shui añade otra dimensión a esta mirada.

Para esta filosofía milenaria, la forma en que organizamos y ocupamos los espacios influye en la circulación de la energía. Los ambientes congestionados, excesivamente llenos o con acumulaciones tienden a dificultar este flujo.

Cuando retiramos excesos, reorganizamos los caminos y devolvemos función a los espacios, no estamos solamente modificando aquello que vemos.

Estamos permitiendo que el ambiente vuelva a respirar.

Y quizá nosotros también respiremos un poco mejor junto con él.

No siempre necesitamos transformar toda la casa.

A veces, la pausa comienza:

  • al liberar una mesa que lleva meses acumulando cosas;
  • al retirar del dormitorio aquello que no pertenece al momento de descanso;
  • al permitir que una ventana vuelva a recibir luz;
  • al reorganizar un mueble que interrumpe el paso;
  • o al mirar un objeto y reconocer que ya ha cumplido su papel en aquella historia.

Pequeños movimientos pueden cambiar la forma en que experimentamos un espacio.

Tal vez por eso, antes de pensar en lo que falta dentro de casa, valga la pena observar aquello que ya existe.

¿Qué está ocupando demasiado espacio?

¿Qué llama constantemente tu atención?

¿Qué permanece esperando una decisión?

Y, sobre todo: cuando entras en casa, ¿ella te ayuda a desacelerar o continúa exigiéndote algo?

Nuestra casa no necesita estar impecable para acogernos.

Necesita permitir que la vida suceda, con sus movimientos, sus recuerdos, sus imperfecciones y también sus momentos de silencio.

Porque descansar no es solamente detener el cuerpo.

Es encontrar un lugar donde no necesitamos responder a tantos estímulos al mismo tiempo.

Tal vez, cuando sentimos que necesitamos desacelerar, no sea solamente la agenda la que necesite ser revisada.

A veces, la casa también está pidiendo una pausa.


Sobre la autora

Candice Lara Valença Alcantara es Diseñadora de Interiores, Personal Organizer y Consultora en Feng Shui. Cree que los ambientes donde vivimos influyen directamente en nuestra calidad de vida, nuestro bienestar y la forma en que nos relacionamos con el mundo.

Su trabajo integra organización, funcionalidad y Feng Shui para crear espacios que acogen, favorecen la circulación de la energía y acompañan los diferentes ciclos de la vida.


También puedes leer

La casa como reflejo de la vida

En su artículo anterior publicado en Mundo Reiki, Candice Lara reflexiona sobre la relación entre los ambientes donde vivimos y nuestra propia vida.

Cuando la casa pide una pausa profundiza esta mirada, observando cómo los excesos, los estímulos y la organización de los espacios pueden influir en nuestra manera de experimentar la vida cotidiana.

Rolar para cima